Ciudad, Cultura, Habitabilidad, Opinión, Sociología

¿Podremos vivir juntos?

Esta vez quiero comenzar con una pregunta que, quizá, primero necesitará ser explicada antes de dar una opinión respondiendo mi punto de vista –sin saber si es muy lejano o no-.

En primera instancia quiero referirme a la pregunta -sin ánimo de obviarla-, como una opinión social de cómo podremos sobrevivir juntos teniendo en cuenta los problemas de habitabilidad de la ciudades -y habrá que desarrollar un poco este concepto-.

El concepto de habitabilidad existe desde los orígenes del mundo. Hace 350.000 años, las condiciones de habitabilidad mejoraron gracias al descubrimiento del fuego por parte del hombre. Esto quiere decir que el concepto de habitabilidad que quiero exponer -perteneciendo un poco más a la arquitectura-, habla de la comodidad que obtiene una persona viviendo dentro de una comunidad que le brinda una infraestructura física y social para desarrollarse. Lo primero a resaltar serían algunas interrogantes: ¿cómo vivir juntos en una sociedad en donde existe tanta desigualdad desde el punto de vista que queramos verlo?. Es gracioso pensar que hablemos de “igualdad” en una época tan desequilibrada como en la que vivimos, en donde el capital es pertenencia de algunos pocos (y próximamente quiero escribir sobre el sentido de propiedad) que viven otro tipo de habitabilidad gracias a su potencial económico y, en algunos casos, de influencia. Si bien la habitabilidad es calidad de vida estructural para la salud y el bienestar de una persona; ¿cómo podemos hablar de habitabilidad como comunidad, en un lugar en donde mientras unos ven las mañanas desde un hermoso cerro, con aire fresco y un café exquisito en su mano, otros la ven –si el tiempo les alcanza- con el desespero de vestirse, peinarse, lavarse los dientes y salir corriendo porque -desde la periferia en la que viven- pueden gastar perfectamente 4 horas diarias en transporte público para llegar a su lugar de trabajo?.

En este caso, la expectativa de vida es directamente proporcional al posicionamiento social y económico de una persona. Mientras unos con un dolor mínimo son atendidos hasta por 5 médicos –inclusive a domicilio-, otros tienen que luchar por llegar a un hospital en el que probablemente la enfermedad los devore antes de si quiera pasar la fila de entrada en la entidad médica.

En esta crisis mediática también vale la pena anotar que juega un factor importante –para la habitabilidad- el tema medioambiental. Y es que los gobiernos seguramente no se imaginaban una crisis medio ambiental como la que vivimos –sin ser muy lejanos los futuros representados en algunas películas de ciencia ficción sobre el cataclismo apocalíptico a causa de los daños medioambientales-.

La habitabilidad entonces, debería ser un tema prioridad dentro de los gobiernos y la politiquería por encima de las falacias comunicadas por algunos “diplomáticos” durante las campañas con el fin de que esas falacias sean elegidas, para luego clavar el puñal a la sociedad con corrupción. Deberíamos notar –como tema de habitabilidad- el hecho de que hoy en día quieran meternos en conjuntos cerrados en donde un apartamento es simplemente un chiste mal contado. Deberíamos preocuparnos por la facilidad que tienen los gobiernos por vendernos la idea del “ mundo perfecto” dentro de un apartamento de cuarenta metros cuadrados en donde difícilmente nos cabe un escritorio y una biblioteca para auto formarnos correctamente. Pareciera por un momento, que el gobierno quisiera que no pensáramos demasiado y nos siguiéramos educando con nuestra buena amiga, la televisión…

Lo ultimo que quiero anotar para terminar, es que la habitabilidad esta muy lejos de ser equilibrada en una sociedad en donde nos venden lo imperfecto como perfecto. En este siglo XXI en donde la seguridad se juega un papel tan importante –algo que no se había visto nunca-, y en donde las personas cada vez necesitan vivir más protegidas por algún sistema de vigilancia, queriendo introducirse por un momento en su esfera segura, alejada de la inseguridad de la ciudad –irónico, pues la ciudades fueron creadas con el propósito de brindar seguridad a las personas-. En un mundo completamente desequilibrado, si analizamos los orígenes sociales en donde las cosas parecían marchar mejor -y con esto no quiero rondar en la típica frase de “todo tiempo pasado fue mejor-, pareciera que algunos viven demasiado cómodos. Pero casualmente son las élites quienes tienen capacidad económica para disfrutar de su habitabilidad, mientras las clases bajas luchan día a día con la esperanza de pertenecer a la gran élite en un futuro cercano; así su objetivo primordial es el dinero, y se pierde todo objetivo intelectual. Pareciera por un momento que los gobiernos han triunfado con su ideal de lograr que no pensáramos demasiado…

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Bauman, Cartel Urbano, Crítica, Cultura, Moda, Sociología, Tiempos Líquidos, Zygmund Bauman

La moda líquida.

Luego de siglos de estereotipos de moda formados, donde la moda era un tema de arte y no de consumo, se rompe todo modelo artístico para dar paso a un modelo industrializado. En la antigüedad, la calidad de una tela se medía por la dificultad de conseguir dicho material con el fin de fomentar un “nivel de estatus social” más elevado que el de otras personas, pues se debía ser una persona de influencia para poseer esta clase de material y estos comportamientos se convieron rápidamente en tendencias para exaltar a una persona por encima del resto de la sociedad. Un claro ejemplo de esto fue la moda del siglo XIII en Asia: una mujer que asistía a un baile real, ajustó sus pies con vendas para aparentar una media luna con ellos y así su baile luciera perfecto en el momento de ejecutarlo. Este acto fue inmediatamente aceptado por la realeza, la cual le dio acceso instantáneo a los privilegios de los grandes niveles sociales de aquella época. Inmediatamente todas las mujeres empezaron a copiarla con el fin de ganarse el favor de la nobleza (hombres de buenas familias para casarse), ajustando sus pies con técnicas tortuosas para lograr pies de no más de 12 cm de largo. El último caso que se conoció de esta práctica, fue en el año 1957. Actualmente las mujeres ancianas de Asia que tienen dicha transformación, esconden sus pies, pues los estereotipos de occidente han puesto esta práctica oriental del siglo XIII como una deformidad, rechazando a sus practicantes milenarias.

En la actualidad, la publicidad y el mercadeo juegan un papel determinante en el diseño y la moda. Empresas como Inditex han transformado una costumbre artística en donde 2 colecciones anuales saciaban el deseo y la necesidad textil de las personas, las cuales veían la moda como algo puramente artístico. Una prenda debía ser muy duradera, pues la calidad hablaba de la belleza a la hora de ser vestida; pero estos estándares fueron transformados por un deseo insaciable en donde existen más de 12 colecciones anuales de prendas que en su tercera lavada pierden muchas de las propiedades de fabricación. El auge del capitalismo por tomar espacios fértiles -como era el de la moda hace unos años-, agredió los espacios de la moda actual, para que empresas como Inditex los tomaran para formar una revolución capitalista por parte de una necesidad ingenua de un público espectador de la publicidad que impone “tendencias de moda”. “Las organizaciones no capitalistas ofrecen un terreno fértil para el capitalismo: el capital vive de la ruina de esas formaciones, y aunque ese ambiente no capitalista es indispensable para la acumulación, esta última avanza a sus expensas, devorándolo.” (Bauman Zygmund, 2007).

En partida, una empresa como Inditex degrada una tradición artística de siglos a nivel global, que con ayuda de la globalización permitió que los diseñadores más aclamados fueran conocidos hasta los rincones más recónditos del globo. Pero en la actualidad las tendencias y la moda se está saliendo de las manos de diseñadores, haciendo así que sea un simple tema de producción industrial, perdiendo todo su arte y haciendo que sean el mercadeo y la publicidad quienes vistan e impongan tendencias de moda a la sociedad. “Cada peso que depositamos en la caja registradora de muchas de las grandes marcas para que nos vistan con prendas bonitas y económicas, fabricadas con materiales de la peor calidad y con mano de obra barata, alimenta un sistema perverso que, en últimas, a quienes más beneficia es a los amos y señores de una serie del textil.” (Cartel Urbano, 2015).

La publicidad ha creado estándares estéticos tan extremos que hacen de una persona no “adaptada a una tendencia de moda actual”, un segregado por la sociedad “purista de la moda”, una moda inexistente en la época industrializada actual. Ciertamente el arte y la poesía dentro de la moda actual, ya es muy poca.

Bibliografía:
Zygmunt Bauman, Tiempos líquidos, 2007. (Tusquets).
Artículo “Fast Fashion: Vestir y desechar”, Revista Cartel Urbano. Edición 48, 2015.

 

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Bogotá, Ciudad, Colombia, Cultura, Sociología

La “cultura ciudadana”

Bogotá es una ciudad con una capacidad de olvido y falta de identidad única en su clase. Todos nos vivimos quejando de todo lo que pasa sin mirarnos al espejo, “son los ñeros, son los barristas, son los de la nacho; son todos, menos yo”. La nueva llegada de productos y marcas extranjeras, ha causado un cambio social y cultural en el comportamiento de los ciudadanos. Es complejo hacerse preguntas como: ¿Cuántas clases de culturas distintas se pueden ver aquí? O ¿qué tan rechazados nos tenemos los unos a los otros -a propósito de “los valores” de algunas personas porque “todos somos iguales”- en nuestras esferas de distinción cultural?

Realmente lo que pasa con Bogotá y su “cultura” -si es que existe una cultura bogotana-, es que nadie es bogotano (y me incluyo). Es grave, pero Jaime Garzón lo dijo hace ya mucho tiempo: “Los ricos se creen ingleses, los de clase media se creen americanos y los de clase baja se creen mexicanos”. Sin duda siento que el mayor problema de Bogotá es la falta de identidad y amor propio por nuestra ciudad, una ciudad que estamos haciendo pedazos, y somos todos; porque aquí “el problema son los costeños, los paisas, los santandereanos”, y en conclusión, todo aquel que supuestamente invade Bogotá, porque “Bogotá es para los bogotanos” –pero aun con esa segregación hacia nosotros mismos somos “el país más feliz del mundo carajo”-; “y ahora lo importante es que jugamos la Copa América” (sin ánimo de tomar posición en contra del fútbol, el cual amo profundamente).

Siento que por esas mismas causas es que no tenemos identidad ciudadana, si nos da igual botar un papel al piso, dejar en cataclismo higiénico una sala de cine porque “es que para eso está la gente de aseo”, y destruimos los espacios públicos porque “con toda la plata que recibe el gobierno pues que reparen”.

  • No existe una cultura propia ciudadana, es decir que no hay un “cambio cultural que debería tener Bogotá”, creo que lo que necesita Bogotá, es que se cree una cultura, una sola, una nuestra, una cultura que realmente muestre, no solo a los bogotanos si no al mundo, qué es un bogotano y qué diferencias culturales tienen con otro tipo de ciudades, y no por hacer una exclusión, sino por generar una identidad sin mediaciones de la multiculturalidad del mundo moderno.
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