Ciudad, Cultura, Opinión, Personal, Sociedad

#23

Suelo ser una persona reflexiva que se cautiva al ver comportamientos sociales y piensa en lo que somos en medio de tantas cosas que suceden día a día –muchas veces buenas y muchas veces malas-. Si bien me he individualizado mucho, dejándome quizá llevar por esa corriente social en donde los gobiernos desean individualizar a las personas con el fin de no tener ciudadanos sino simples mercancías, he tratado de conectarme con las personas a través de la escritura con mis pensamientos y opiniones. Aunque esto no quiere decir que soy una persona a la cual le cuesta socializar, pues tengo mi grupo de amigos que son realmente mis hermanos.

Hoy cumplo 23 años, y como soy una persona reflexiva decidí experimentar con uno de esos textos personales en donde cuento un poco de mi vida –quizá para que las personas que leen mi este blog conozcan quién es y qué tipo de personalidad tiene la persona que les escribe estas opiniones-. Esta mañana iba en transporte público –algo que no suelo hacer pues me transporto en bicicleta- y me llamo la atención un par de ancianas que iban sentadas cual comadres, rajando de todo lo que veían en el momento. Que los trancones están cada vez peor porque el alcalde Petro no pudo con la ciudad, que lo peor que le pudo pasar a la ciudad fue la integración del sistema SITP en Bogotá, que esa muchachita con esa falta tan alta cómo no quiere que la traten feo, que la otra con ese escote tan exagerado solo busca que le miren los senos; y así durante 45 minutos de recorrido en donde las escuché hablar despectivamente de todo, lo cual me dio mucha risa pues iban cada una con un rosario y un libro católico haciendo oraciones mientras hacían sus comentarios.

El tema sorprendente no son las abuelitas, lo que me sorprende es lo que nos ha sucedido como sociedad, esa fragmentación en donde parece que fuéramos seres humanos completamente diferentes según las edades, como si fuéramos especies diferentes, incapaces de entender a las personas a nuestro alrededor. Es para mí una causa de preocupación ver cómo nos individualizamos cada vez, sumergiéndonos en nuestras burbujas que nos llevan a la “zona de confort”, transformándonos en lo que los gobiernos corruptos desean que seamos.

Hoy quiero pensar en qué seremos el día de mañana -o por lo menos, qué seré yo-, pensar en nuevas metas y más expectativas a tener en cuenta para continuar una vida que parece ser muy joven, pero que yo ya siento más avanzada. Las personas de más edad pensarán que exagero, pero créanme, es una enfermedad psicológica que por algún motivo llega como si la vida estuviera a punto de terminar.

En conclusión amaría poder adoptar muchas mascotas de cumpleaños, y viajar a Argentina, pues es un deseo que tengo hace unos meses y definitivamente lo cumpliré. Estos 23 años me han llenado de reflexiones, pensamientos, dudas, amor por la vida y unas ganas infinitas de intentar unir al mundo de algún modo, a fin de cuentas, soy de esas personas que a pesar de las muchas críticas que hace en su blog, ama la vida y tiene esperanza en que la humanidad pueda unirse y ser consciente de sí misma y del planeta que habita para poder tener mejor calidad de vida. ¡Feliz cumpleaños a quienes comparten conmigo este día!

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Cultura, Opinión, Sociedad, Sociología

Los viejos y los nuevos

Una pregunta que me cuestiona muy a menudo: ¿en dónde quedan las “antiguas” generaciones?. Esas mismas que nos deslumbran con su sabiduría –aunque la juventud actual crea que todo lo sabe- y aún así quedan segregados a ese grupo de lo “pasado de moda”. Ante esto, mi punto en este texto es poder entender la relación social entre las actuales y las antiguas generaciones.

Hace unos días en un post titulado “imágenes que te van a sorprender”, vi la imagen de una mujer de 90 años que tiene contacto con la tecnología por primera vez. La mujer lucía con una expresión de repudio notable a pesar de sus abundantes arrugas -las cuales dificultaban el entendimiento de las expresiones de su rostro- ante la presencia de una MacBook. Pensé por un momento << que irónico que para esta mujer sea espantoso ver una MacBook, algo que para un joven puede ser una de las experiencias más increíbles de su vida –saliéndonos de toda religiosidad por Apple-, lo más gracioso de todo, es que tanto la mujer de 90 años como el niño de 15 viven en la misma época…>>.

Otro punto que vale la pena mencionar es que estos comportamientos sociales que diferencian una generación de la otra no son algo nuevo en lo absoluto, es algo que ha pasado durante toda la existencia. Pareciera que por un momento fuéramos un ser humano diferente mientras la juventud, pero luego de cumplida cierta edad, cambiáramos el chip por uno de adulto en donde los códigos juveniles son más difíciles de entender –teniendo en cuenta también que existen personas de edades avanzadas que están muy a la vanguardia-. El punto tampoco es pensar que el hecho de ser viejo hace que una persona pierda capacidad intelectual. Si bien un niño aprende mucho más rápido y fácil algo, la sabiduría que una persona mayor tiene basada en sus experiencias es algo que ni siquiera en la mejor universidad del mundo le pueden enseñar a un niño. Ese es el regalo de la vida para las personas de edades avanzadas.

Algo que vale la pena diferenciar en este punto –pues no quiero generar confusión-, es la diferencia entre sabiduría y conocimiento. La primera siendo mucho más experimental, requiere años de vida y es por este motivo que no se puede ser una persona sabia antes de cierta edad. La segunda, por el contrario, es mucho más personal, pues no creo en que los datos aprendidos de memoria dentro de un colegio o universidad sean la fuente del intelectualismo. Para mi es algo de interés propio y es lo que diferencia a una persona intelectual de otra. La primera ciertamente se interesa por temas profundos, por libros y por estudios, por artes y temas más trascendentales, pero es algo completamente autónomo en donde no existe presión por parte de ningún profesor que intenta enseñar a alguien sin la disposición de aprender –esto sin menospreciar el importante trabajo de los profesores en el mundo, los cuales admiro profundamente, lamento las condiciones laborales respecto a su importante responsabilidad con la humanidad, y también espero algún día desempeñarme en esta labor dentro de una universidad-.

La brecha entre la juventud y la vejez siempre va a existir, pero siempre se va a complementar. Jamás van a existir nuevos grandes hombres, sin antiguos sabios hombres los cuales les indicaron un camino –en la vida o desde el otro mundo, en palabras físicas o en libros-. El intelectualismo es algo prodigioso, y aunque es algo autónomo de cada ser humano, sería –para mí- un motivo de alegría ver más personas interesadas por temas que perduran por los siglos y nos definen como humanidad, y menos personas sentenciadas por el juego de la opulencia actual. Pero la sabiduría es algo que todos deberíamos anhelar. Poder ver la vida de la forma que nuestros abuelos la ven –o la vieron-, y entender la belleza de el tiempo en esta tierra, y la importancia de disfrutar y aprovechar cada momento, cada oportunidad de aprender algo nuevo, de experimentar algo nuevo y poder aportar a la humanidad esa sabiduría que solo ellos poseen. A fin de cuentas siempre me pregunto ¿qué sería de la humanidad sin la sabiduría de las personas mayores, y de sus aportes en la formación de cada persona nueva en el mundo?… Yéndome al punto más superficial de todos, la cocina jamás sería lo mismo sin ellos. ¡Los amo mis viejos!.

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Cultura, Estudio, Internet, Parejas, Redes sociales, Relaciones, Sociedad

¿Y si nos conocemos por Internet?

Internet ha desarrollado espacios en donde todas las personas –sin importar su nivel social, económico o intelectual- se expresan, comparten y consumen temas que conectan diversas personalidades dentro de una nube digital. Hay personas que prefieren mantener su vida personal en privado, y hay muchas otras que sienten la necesidad de compartir sus relaciones y en general toda su vida a través de las redes sociales.

¿Y qué de la polémica sobre las parejas que se conocen por internet?. Por un lado, ¿qué hay con las personas que dicen que es “un pecado casi mortal” conocer personas a través de la web, y mucho peor aún, iniciar una relación con una persona conocida de esta manera?. Pues al respecto quiero ir primeramente a las estadísticas. Según el portal Vuelo Digital –especialista en social media-, unos investigadores de la Universidad de Chicago hicieron un estudio sobre las relaciones sentimentales en internet, en el cual encontraron lo siguiente: encuestaron, entre 2005 y 2012, a 20 mil personas sobre su matrimonio. De ellos, uno de cada tres había conocido a su actual pareja por Internet. Entre los que se habían conocido online, la mayoría lo hizo en sitios de citas (45.01%), luego en redes sociales (20.87%), en salas de chat (9.51%) y por mensajes instantáneos (6.68%). ¿Qué pasaría si se hiciera nuevamente el estudio? ¿Qué diferencias podríamos ver entre 2012 y 2015?

El estudio también arrojó que los matrimonios que se conocieron en línea reportaron 25 por ciento menos rupturas en comparación con los que se conocieron en otras instancias, además de un 3.0 por ciento más de felicidad.

Uno de los investigadores, John Cacioppo, explica que esto puede deberse a la importancia de relacionarse desde el comienzo con alguien con intereses similares.

En lo personal, creo que acierto en gran parte con el estudio anteriormente citado, ya que no veo problema alguno en conocer a una personas a través de una red social y –a través de intereses similares- empezar a sentir una atracción. Claro está, hay culturas y sociedades en donde esto es mucho más mal visto que en otras. En los países tercermundistas, religiosos o conservadores; será muy difícil que las personas vean de buena forma una práctica como ésta. Mientras que en culturas más abiertas, probablemente lo vean como algo habitual. Sin importar el camino socio-cultural que se quiera tomar, es normal ver estados tales como “¿Quién pone relación conmigo?” o personas desesperadas por decir que tienen una relación, a tal punto de ser causante de discordia -a veces hasta romper- el hecho de que uno de los dos no quiera publicar la relación en sus redes sociales.

Desde cualquier punto, me encanta conocer personas nuevas llenas de conocimiento y de costumbres distintas por enseñar. Creo que es algo que debemos aprovechar de las redes sociales y de internet en general, nos ayuda a conocer personas de forma instantánea, sumergiéndonos en un mar de conocimiento –para quienes dan con las personas adecuadas- con un simple “agregar” o “seguir”. Son prácticas que cada vez van a tomar más fuerza en el mundo gracias a la revolución digital, y es tarea de cada uno romper el “tabú” de tener que conocer a la persona ideal –por primera vez- en persona.

Para finalizar, es una decisión muy personal la forma como se desarrollan las relaciones. Ciertamente las personas conservadoras que ven esto como una mala práctica, deberían empezar a acostumbrarse…

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