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El Minimalismo más allá del diseño

El minimalismo es uno de los términos más utilizados para elevar la estirpe de cualquier persona. Profesionales del diseño, arquitectura, arte, etc; suelen usarlo -no solo en su lenguaje sino también en su trabajo, muchas veces conocido como la salida fácil cuando ya no hay tiempo- hasta quemarlo. Pero no me quiero quedar sobre el aspecto negativo; esta tendencia artística, nacida en la década de los 60’s en Estados Unidos, busca como propósito reducir a lo esencial con el fin de dar mensajes visuales mucho más claros y contundentes. Si bien se puede ver como algo sencillo, crear un buen concepto para utilizar este arte es de las cosas más difíciles desde el punto de vista estético/conceptual.

A la hora de la verdad, ¿qué podemos empezar a pensar que puede llegar a ser esta corriente, mucho más allá de lo que el diseño moderno utiliza?

Los seres humanos por naturaleza vivimos para andar insatisfechos, cojos e incompletos adquiriendo un sin fin de cosas que nadie necesita solo para intentar llenar vacíos superficiales creados por la publicidad y el mercadeo. En estas épocas donde todo se vale, un parche de gringos está internacionalizando una idea que convirtieron en filosofía de vida: El Minimalismo. Y es que el minimalismo como estilo de vida trata de lo más obvio que se puede entender, tratar de vivir con la menor cantidad de cosas posible, con el fin de lograr desligarse por completo de objetos materiales. La idea acá es que cada cosa material que se posee, tenga una razón o sea parte de lo que nos compone como seres.

Más allá de que esto pueda sonar como la típica filosofía de moda, un tanto nihilista y otro tanto hinduista, que intenta que las personas se desliguen por completo de todo lo que puede matar tiempo y preocupaciones innecesarias; trae una reflexión muy válida para la vida de muchas personas que literalmente están en la adicción de las compras. Si no es así, ¿cuándo fue la última vez que vio una tienda de Zara o Apple vacía?

Una filosofía que parte de una fórmula básica: Objetos en exceso = estrés.

El ser humano siempre ha tenido 3 necesidades básicas irrefutables: Comer, dormir y el sexo. Uno puede estar dentro del grupo que va y hace filas sin sentido para esperar un producto que dentro de un mes ya no le va a gustar –recordando aquí la reciente apertura de la primera tienda H&M de Colombia, en donde tuvo poco más de tres mil adeptos desde las 4am haciendo fila para ver si conseguían su falso “bono de 1.500 dólares”-; o puede estar dentro de los que simplemente compran lo que necesitan cuando lo necesitan. Cuando un ser humano entra en el terreno de no tener ni idea de cómo manejar sus finanzas, y vive reportado en data crédito con un pedazo de plástico de miserables quinientos mil pesos de cupo, aparece la famosa fórmula moderna del “couching de negocios”. Y créame que es ese tema uno de los que más vende en la actualidad; mini “líderes” de sus propias vidas en corbata que se dedican a desfalcar negocios pequeños e inexpertos, diciéndoles hasta cómo deben lavarse los dientes. Estos personajes probablemente sean los nuevos poetas que querían ser raperos pero fracasaron y se dedicaron al reguetón. Quizá siempre soñaron con tener el emprendimiento que los llevara a ser el Zuckerberg colombiano, pero fracasaron, y ahora cobran por decirle a las personas cómo no fracasar.

¿Y qué hay del minimalismo como conocimiento? Pues bien, existen 2 tipos de personas -sí, la clásica comparación clichada-, los que se enfatizan en hacer algo bien y profundizan sobre esas temáticas para llegar a lo que quieren; y los que caen en la típica frase: “es un mar de conocimiento con un centímetro de profundidad”. Se puede saber mucho, está bien querer saber de todo. Pero, ¿no cree usted que en el mundo existe bastante mierda que en realidad no vale la pena saber?

Aquí no se trata de poner en tela de juicio lo que vale la pena o no, perspectivas hay miles y las personas mutan en pensamientos y creencias cada día. Pero en esta sociedad moderna donde las personas son tan inestables, ¿realmente qué es lo sólido en nuestras vidas? ¿eso que es inmutable y realmente nos identifica más allá de una moda pasajera? –Haciendo una cita al recientemente fallecido Zygmund Bauman y su “Modernidad Líquida”; Maestro, DEP-.

¿Qué se podría concluir de todo esto? Que en realidad cada persona decide. Usted puede llevar una vida sobria -como suele decirlo el viejo Mujica-, baja de lujos y ese montón de estupideces que le vende el mercado; o puede vivir reventándose la vida pagando 3 veces lo que vale un carro, a 5 años y sin pagar el primero -justico para que los intereses y el IVA suban para reventarle las nalguitas-, pero todo para que sus papás y familiares lo vean y puedan decir: “Ese sí es exitoso, qué orgullo”. Y pues sí, qué orgullo, lo criaron bajo la misma idea de finanzas de mierda que ha criado al 80% de Colombia, y luego están esperando 50 turnos en el banco porque no leyeron nunca la letra pequeña.

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