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Cataclismos millennials.

¿Violenta palabra no? Sin ánimos de ponernos técnicos, me pareció el mejor término para empezar a hablar de lo que debería suceder, pero nunca pasa cuando hay una cagada en Bogotá.

Empiezo con ‘Cataclismo’, que, desde mi opinión y sin usar diccionario, no es más que un estado apocalíptico en donde hay caos por un acto o suceso. Creo que la mejor definición la dio el Guasón de Heath Ledger cuando visita a Harvey Dent en el hospital: “Introduce algo de anarquía, altera el orden establecido, y el mundo se volverá un caos… Soy un agente del caos. ¿Te digo algo sobre el caos? Es miedo…”; el miedo a cambiar, la ruptura de un paradigma; el caos como revolución social, eso es lo que propone este inolvidable personaje.

Ahora, vayámonos a la generación Z –que está muy lejos de Dragon Ball-, una generación creciente que vive interesada en los profundos discursos de sus youtubers favoritos. No tienen la más mínima preocupación por temas sociales –y más adelante tocaré un poco sobre este desinterés por lo social-, y menos aún quieren tener que ver con política. El mundo es lo que está en sus celulares mientras haya batería y datos. Lo que me aterra aquí no es el importaculismo de una generación ante una ciudad de la cual no quieren hacer parte –aunque la verdad sí-; ya lo dijo el maestro Jaime Garzón: “Colombia es un país donde los ricos quieren ser ingleses, la clase media norteamericana y la clase baja mexicanos”. Si en Bogotá cuando algo terrible e injusto pasa, “nadie ha visto nada”, como lo pregonea Hector Lavoe en “Juanito Alimaña”, y eso que actualmente tenemos una generación con medianamente un leve sentido de pertenencia, ¿usted se imagina qué va a pasar en 10 años con esta generación de “si no me afecta a mí, entonces no me importa”?

Ahora, tampoco quiero satanizar a toda una generación por aspectos aparentes como estos. Está muy claro que –según estudios del Huffington Post- son la generación más inteligente que se ha visto en años, gracias a una habilidad impresionante por comprender los contextos en tiempo record. Según el mismo estudio ya citado, “los jóvenes de hoy tienen más en común con otra persona de su edad de cualquier parte del mundo que con un adulto de su mismo país”; son autodidactas por naturaleza, ¿quién necesita tomar clases de maquillaje cuando puedes aprender desde casa con ayuda de YouTube?. El problema es que desperdician el tiempo con contenidos basura que desorientan sus mentes.

Aquí podríamos apresurarnos a formular una breve conclusión del real problema de esta generación: La falta de sentido de pertenencia –cosa que no es novedosa, pues ha sido el problema de muchas generaciones pasadas, incluyendo los millennials-. Ahora, cabe aclarar que esto no abarca el 100% de los personajes pertenecientes a esta generación, siempre hay una excepción a la regla. Pero sí podemos atrevernos a decir que un aproximado 80% vive en las nubes de este mundo cibernético.

Esta generación está reemplazando los espacios de vida física por algo meramente digital. En su afán por querer salir o escapar de la realidad –y esta es una hipótesis propia-, cambian la realidad y se desconectan del mundo físico para inyectarse la dulce dopamina de los me gusta y sus actuales reacciones emocionales. Es tal el cordón umbilical entre esta generación y la tecnología, que ahora las redes sociales expanden más sus espacios virtuales con el fin de obtener más tiempo de permanencia en los usuarios; por ejemplo las tan de moda historias; un invento de la plataforma de Snapchat que ha sido más copiado que la canción de “Despacito”, ahora interpretada hasta por la Tigresa del Oriente… Creo que llegará el tiempo en donde Peñalosa va a meter historias dentro de las pantallas de Transmilenio para desviar la atención de la ciudadanía frente a temas importantes –la vieja confiable de las élites que gobiernan este país-.

Por sobre todo, y sin querer extenderme más con este tema, vale la pena mencionar el actual multiculturalismo en el que vive esta creciente generación Z. Ellos ahora no son ciudadanos de un solo país, son ciudadanos del mundo; multilingües e hiperconectados que saben qué sucede al otro del mundo antes de que ese mismo lugar lo sepa. La velocidad que nos ofrece la comunicación moderna hace que papeles como los del periodismo queden absolutamente devaluados, ¿y la generación que se viene? Podríamos llegar a pensar que serán personas de muchas carreras; son seres “multitasking” por excelencia, y es aquí donde la esfera laboral para un futuro se va a cerrar aún más, mientras se abre la brecha de desigualdad entre ñas personas. Pensando en esto, ¿qué tan ficticios son realmente los panoramas que expone series como Black Mirror? Eso está por verse…

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