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Dios acústico.

Llevo bastante tiempo impactado con la película “Interestelar”, una producción excelente que expone la base de la teoría de las cuerdas. Soy consiente de la existencia de una fuerza superior que nos rodea y podría explicar todo a pesar de que nosotros no podamos entenderla; la gran pregunta es: ¿Qué es?. Con la teoría de las cuerdas, la física nos pudo dar la aproximación más grande que hemos tenido sobre la existencia física de Dios; al parecer (y dando a entender que ésta es mi interpretación, pero la de cada persona es respetable, pues no podemos asegurar que tenemos una verdad absoluta como lo decía anteriormente), la teoría expone una serie infinita de dimensiones, las cuales están conectadas por cuerdas acústicas microscópicas, con las cuales la realidad varía dependiendo de la oscilación de las cuerdas. En este orden de ideas, podríamos decir que Dios somos nosotros mismos en una realidad futura paralela en otra dimensión, en la cual nosotros nos damos mensajes a nosotros mismos por medio que códigos que solo nosotros mismos entendemos, pues somos nosotros quienes realmente nos conocemos; lo hacemos por medio de las vibraciones de las mencionadas cuerdas, tal como pasa en una de las escenas finales de la película. Todo esto viendo la realidad desde el punto de vista de la película, no quiero decir con esto que tengo la razón o que estoy diciendo que la realidad es meramente la producida por la película. La cuestión aquí es abrir nuestras mentes a miles de probabilidades existentes, una especie de Matrix.

Hay algo que nadie puede negar y es que la Biblia es un libro que trasciende por la eternidad, es un libro que hoy en día es cultura general dentro de miles de sociedades alrededor del mundo, es un libro que está fuera de la moda o de las tendencias de lectura. Tratemos entonces de abrir nuestra mente hacia la otra cara de la moneda y veamos cuál es el punto que la Biblia tiene: 1 Corintios 2:14 (DHHE): El que no es espiritual no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son tonterías. Y tampoco las puede entender, porque son cosas que tienen que juzgarse espiritualmente. Este pasaje me llama la atención, pues nos muestra como, no solo dentro de la cultura cristiana sino dentro de muchas religiones del mundo las personas no pueden entender el nivel de compromiso que puede llegar a tener una persona con algo que cree por fe; todo esto definiendo la fe como tener certeza de algo a pesar de no poderlo ver. Dios es algo que probablemente muchos no pueden entender, lo interesante ahí, teniendo en cuenta el anterior versículo citado, es que la misma biblia nos dice que las personas normales no van a poder entender nunca a Dios ni las cosas de Dios, pues es algo que solo se puede ver a través del espíritu; esto podría explicar por qué para muchas personas les es tan complejo creer o hacerse una mera idea con este tipo de cosas.

Para cerrar, solo queda por decir que no escribí esto con el fin de crear odios, divisiones o polémica al rededor de esto, pese a que el tema de la religión siempre ha sido y siempre será un tema polémico. Simplemente quería dar mi punto de vista desde los 2 lados de la moneda con los cuales he estado cercanos últimamente. La realidad de uno siempre puede ser la ficción del otro y viceversa, pero creo que nuestro papel dentro del mundo (así decidamos inclinarnos por la religión o por el humanismo) es tolerar, respetar, escuchar otros puntos de vista y sobre todo, abrir nuestra mente a las cosas que nos puedan enseñar otras personas, culturas, sociedades o cualquier modo diferente de pensamiento al nuestro; eso es lo verdaderamente hermoso y excitante en la vida.

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La Ciudad Reciclada

¿Es posible que sobrevivamos más allá de conocer que las ciudades que creamos son solo espacios mediáticos en donde hablamos de crisis naturales, pero no notamos que son la consecuencia del consumo líquido que creamos?

Más allá de que la pregunta sea larga, se trata de mirar esta problemática moderna de una forma colectiva. Nosotros como humanos somos la única especia capaz de atentar contra nosotros mismos; aun sabiendo que realizar una u otra acción con determinado objeto nos va a perjudicar, lo seguimos haciendo. Hay algo claro en este punto de la existencia humana: todo es negocio y hasta la muerte cuenta con la presencia del mercadeo. Nosotros creamos un sinfín de imágenes idealizadas de un mundo hiperconectado, en el que no necesitamos fuentes elementales como agua ni alimentación natural y saludable; y todo lo reemplazamos en nuestra ciudad reciclada, en donde tomamos lo que nos sirve y lo que no lo desechamos sin importar el impacto que le genere al mundo –algo que vale la pena mencionar es que, sin importar que hagamos, todo genera un impacto el mundo; y no se trata de ponernos fundamentalistas con este tema, si no de tomar las decisiones correctas para que el impacto sea mediado-. Nos creemos dueños del espacio que habitamos y sentimos que somos el centro de todo el universo, que no existe nada después ni más importante que nosotros. Me gustaría que reflexionáramos nuevamente sobre el sentido de propiedad. ¿Realmente vale la pena creer que somos dueños de algo, sabiendo que realmente no somos dueños de nada? Como dice Pepe Mujica: “Es que cuando compramos, no compramos con plata, compramos con el tiempo de nuestras vidas que tardamos en conseguir esa plata”; pero aun así, con conceptos tan obvios y claros como éste, seguimos pensando que podemos tener control sobre todo y sobre lo que no podemos tener control, creamos miedo y un tabú respecto a lo inmoral que es tener contacto con eso; eso que no se puede controlar, valdría la pena que no exista…

Basamos la existencia en un modelo en donde el despilfarro y la falta de conocimiento tienen un papel protagonista. Como lo expone Zygmunt Bauman en su libro Tiempos Líquidos: “Sabemos de tanto que al fin no sabemos de nada”. Hay tanta información basura rondando por todo lado que no tenemos la capacidad de especializar el conocimiento a cierto tipo de tema y no hay una estructura sólida respecto a nada. El conocimiento es líquido… O como dicen algunos ancianos por ahí: “Somos un mar de conocimiento con un centímetro de profundidad…”.

Para no ir más allá, como ser humano pienso en mi libertad. En ir por la vida ligero, con la menor cantidad de cosas posibles y tratando de no seguir el mediático y tentador juego del metaconsumo que vive –sobre todo- las sociedades occidentales. Cada quien toma su decisión sobre lo que quiere ser o hacer, y en este tema tampoco se trata de caer en un fundamentalismo. No hay una manera correcta o un manual de cómo vivir la vida, y ciertamente los que existen solo pretenden moldear el ser humano a una estructura y forma de ver la vida concebida por “lo bueno” que ve la sociedad, “lo que es correcto hacer”. Todas son circunstancias sociales o culturales, pero cada quien busca su camino a la libertad –o a lo que considere que ésta es-.

Referencias.
Bauman Zygmunt; “Tiempos Líquidos”. España, 2007.
Mujica José; “Discurso en la ONU contra el Orden Mundial”. Nueva York, 2014.

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Gratitud

El título ya fue Muy obvio, y esto no se trata de ser conformista y tampoco dar cátedra de autoayuda. Pienso que hay una delgada línea entre vivir en las conformidades que la vida va colocando a lo largo y cosas por las que realmente deberíamos estar agradecidos, pero pasa lo contrario a lo anterior: no estamos felices con nada en la vida. Para empezar creo que es importante hacer algunas preguntas, las cuales tardaríamos esta vida y la otra respondiendo; preguntas como: ¿Por qué siempre queremos más? ¿Por qué siempre hacemos de un gusto algo necesario? ¿Por qué el querer representar algo más que otra persona nos ha llevado a ser más individuales –socialmente hablando-?.

Sería importante ver la diferencia entre querer y necesitar. Siendo protagonista el actual mercadeo que vivimos, el cual muestra algo como novedoso y se convierte en un deseo social, pero con el pasar de los meses se convierte en una necesidad para muchos. Un claro ejemplo para esto son los smartphones, empezaron como algo novedoso y deseado por todo el mundo, pero con los años se convirtieron en una necesidad para la mayoría; un artículo sin el cual no pueden vivir ni trabajar (y los trabajos si que demandan estos aparatos). Ahora, no tengo nada en contra de este tipo de cosas. Pienso que si bien es bueno tener este tipo de objetos –y deberíamos estar agradecidos por poder poseerlos-, tenemos que tener prioridades en la vida y darle el lugar que corresponde a cada cosa.

Gratitud es algo muy simple: estar agradecido –con lo poco o mucho que se tiene- y disfrutarlo al máximo cada día, pues el día que estemos muertos todo lo que poseemos queda ahí; lo que me hace pensar que realmente nada es nuestro, simplemente lo tenemos prestado y esto es algo importante en lo que deberíamos pensar frente a las cosas materiales. Un papá jamás debería estar enojado con un hijo por rayar una pared que se puede volver a pintar, el papá debería darle más importancia al hijo y pensar que quizá gracias a eso en un futuro sea un gran artista. Así que algo importante que hay que analizar en este punto es que esa percepción de “tengo mucho o tengo poco”, es algo socialmente construido, así que realmente no se puede determinar si alguien tiene más o menos que otra personas, a excepción de una vaga percepción materialista que han construido las sociedades alrededor del globo. ¿Cuántas veces no hemos visto personas que materialmente tienen todo, pero están por completo vacías y solas? Y por el contrario ¿cuántas personas no hemos visto que sin aparentemente tener nada, lo tienen todo?. Esto siempre me hace pensar en el engaño social que vivimos respecto al “éxito en la vida” y todas esas cosas superficiales, a fin de cuentas, ¿Qué es realmente tenerlo todo o no tener nada? ¿No deberíamos estar agradecidos por lo que tenemos, en lugar de deprimirnos por no tener un carro o un teléfono?

¿Qué opinan ustedes?

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#23

Suelo ser una persona reflexiva que se cautiva al ver comportamientos sociales y piensa en lo que somos en medio de tantas cosas que suceden día a día –muchas veces buenas y muchas veces malas-. Si bien me he individualizado mucho, dejándome quizá llevar por esa corriente social en donde los gobiernos desean individualizar a las personas con el fin de no tener ciudadanos sino simples mercancías, he tratado de conectarme con las personas a través de la escritura con mis pensamientos y opiniones. Aunque esto no quiere decir que soy una persona a la cual le cuesta socializar, pues tengo mi grupo de amigos que son realmente mis hermanos.

Hoy cumplo 23 años, y como soy una persona reflexiva decidí experimentar con uno de esos textos personales en donde cuento un poco de mi vida –quizá para que las personas que leen mi este blog conozcan quién es y qué tipo de personalidad tiene la persona que les escribe estas opiniones-. Esta mañana iba en transporte público –algo que no suelo hacer pues me transporto en bicicleta- y me llamo la atención un par de ancianas que iban sentadas cual comadres, rajando de todo lo que veían en el momento. Que los trancones están cada vez peor porque el alcalde Petro no pudo con la ciudad, que lo peor que le pudo pasar a la ciudad fue la integración del sistema SITP en Bogotá, que esa muchachita con esa falta tan alta cómo no quiere que la traten feo, que la otra con ese escote tan exagerado solo busca que le miren los senos; y así durante 45 minutos de recorrido en donde las escuché hablar despectivamente de todo, lo cual me dio mucha risa pues iban cada una con un rosario y un libro católico haciendo oraciones mientras hacían sus comentarios.

El tema sorprendente no son las abuelitas, lo que me sorprende es lo que nos ha sucedido como sociedad, esa fragmentación en donde parece que fuéramos seres humanos completamente diferentes según las edades, como si fuéramos especies diferentes, incapaces de entender a las personas a nuestro alrededor. Es para mí una causa de preocupación ver cómo nos individualizamos cada vez, sumergiéndonos en nuestras burbujas que nos llevan a la “zona de confort”, transformándonos en lo que los gobiernos corruptos desean que seamos.

Hoy quiero pensar en qué seremos el día de mañana -o por lo menos, qué seré yo-, pensar en nuevas metas y más expectativas a tener en cuenta para continuar una vida que parece ser muy joven, pero que yo ya siento más avanzada. Las personas de más edad pensarán que exagero, pero créanme, es una enfermedad psicológica que por algún motivo llega como si la vida estuviera a punto de terminar.

En conclusión amaría poder adoptar muchas mascotas de cumpleaños, y viajar a Argentina, pues es un deseo que tengo hace unos meses y definitivamente lo cumpliré. Estos 23 años me han llenado de reflexiones, pensamientos, dudas, amor por la vida y unas ganas infinitas de intentar unir al mundo de algún modo, a fin de cuentas, soy de esas personas que a pesar de las muchas críticas que hace en su blog, ama la vida y tiene esperanza en que la humanidad pueda unirse y ser consciente de sí misma y del planeta que habita para poder tener mejor calidad de vida. ¡Feliz cumpleaños a quienes comparten conmigo este día!

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Los viejos y los nuevos

Una pregunta que me cuestiona muy a menudo: ¿en dónde quedan las “antiguas” generaciones?. Esas mismas que nos deslumbran con su sabiduría –aunque la juventud actual crea que todo lo sabe- y aún así quedan segregados a ese grupo de lo “pasado de moda”. Ante esto, mi punto en este texto es poder entender la relación social entre las actuales y las antiguas generaciones.

Hace unos días en un post titulado “imágenes que te van a sorprender”, vi la imagen de una mujer de 90 años que tiene contacto con la tecnología por primera vez. La mujer lucía con una expresión de repudio notable a pesar de sus abundantes arrugas -las cuales dificultaban el entendimiento de las expresiones de su rostro- ante la presencia de una MacBook. Pensé por un momento << que irónico que para esta mujer sea espantoso ver una MacBook, algo que para un joven puede ser una de las experiencias más increíbles de su vida –saliéndonos de toda religiosidad por Apple-, lo más gracioso de todo, es que tanto la mujer de 90 años como el niño de 15 viven en la misma época…>>.

Otro punto que vale la pena mencionar es que estos comportamientos sociales que diferencian una generación de la otra no son algo nuevo en lo absoluto, es algo que ha pasado durante toda la existencia. Pareciera que por un momento fuéramos un ser humano diferente mientras la juventud, pero luego de cumplida cierta edad, cambiáramos el chip por uno de adulto en donde los códigos juveniles son más difíciles de entender –teniendo en cuenta también que existen personas de edades avanzadas que están muy a la vanguardia-. El punto tampoco es pensar que el hecho de ser viejo hace que una persona pierda capacidad intelectual. Si bien un niño aprende mucho más rápido y fácil algo, la sabiduría que una persona mayor tiene basada en sus experiencias es algo que ni siquiera en la mejor universidad del mundo le pueden enseñar a un niño. Ese es el regalo de la vida para las personas de edades avanzadas.

Algo que vale la pena diferenciar en este punto –pues no quiero generar confusión-, es la diferencia entre sabiduría y conocimiento. La primera siendo mucho más experimental, requiere años de vida y es por este motivo que no se puede ser una persona sabia antes de cierta edad. La segunda, por el contrario, es mucho más personal, pues no creo en que los datos aprendidos de memoria dentro de un colegio o universidad sean la fuente del intelectualismo. Para mi es algo de interés propio y es lo que diferencia a una persona intelectual de otra. La primera ciertamente se interesa por temas profundos, por libros y por estudios, por artes y temas más trascendentales, pero es algo completamente autónomo en donde no existe presión por parte de ningún profesor que intenta enseñar a alguien sin la disposición de aprender –esto sin menospreciar el importante trabajo de los profesores en el mundo, los cuales admiro profundamente, lamento las condiciones laborales respecto a su importante responsabilidad con la humanidad, y también espero algún día desempeñarme en esta labor dentro de una universidad-.

La brecha entre la juventud y la vejez siempre va a existir, pero siempre se va a complementar. Jamás van a existir nuevos grandes hombres, sin antiguos sabios hombres los cuales les indicaron un camino –en la vida o desde el otro mundo, en palabras físicas o en libros-. El intelectualismo es algo prodigioso, y aunque es algo autónomo de cada ser humano, sería –para mí- un motivo de alegría ver más personas interesadas por temas que perduran por los siglos y nos definen como humanidad, y menos personas sentenciadas por el juego de la opulencia actual. Pero la sabiduría es algo que todos deberíamos anhelar. Poder ver la vida de la forma que nuestros abuelos la ven –o la vieron-, y entender la belleza de el tiempo en esta tierra, y la importancia de disfrutar y aprovechar cada momento, cada oportunidad de aprender algo nuevo, de experimentar algo nuevo y poder aportar a la humanidad esa sabiduría que solo ellos poseen. A fin de cuentas siempre me pregunto ¿qué sería de la humanidad sin la sabiduría de las personas mayores, y de sus aportes en la formación de cada persona nueva en el mundo?… Yéndome al punto más superficial de todos, la cocina jamás sería lo mismo sin ellos. ¡Los amo mis viejos!.

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¿Podremos vivir juntos?

Esta vez quiero comenzar con una pregunta que, quizá, primero necesitará ser explicada antes de dar una opinión respondiendo mi punto de vista –sin saber si es muy lejano o no-.

En primera instancia quiero referirme a la pregunta -sin ánimo de obviarla-, como una opinión social de cómo podremos sobrevivir juntos teniendo en cuenta los problemas de habitabilidad de la ciudades -y habrá que desarrollar un poco este concepto-.

El concepto de habitabilidad existe desde los orígenes del mundo. Hace 350.000 años, las condiciones de habitabilidad mejoraron gracias al descubrimiento del fuego por parte del hombre. Esto quiere decir que el concepto de habitabilidad que quiero exponer -perteneciendo un poco más a la arquitectura-, habla de la comodidad que obtiene una persona viviendo dentro de una comunidad que le brinda una infraestructura física y social para desarrollarse. Lo primero a resaltar serían algunas interrogantes: ¿cómo vivir juntos en una sociedad en donde existe tanta desigualdad desde el punto de vista que queramos verlo?. Es gracioso pensar que hablemos de “igualdad” en una época tan desequilibrada como en la que vivimos, en donde el capital es pertenencia de algunos pocos (y próximamente quiero escribir sobre el sentido de propiedad) que viven otro tipo de habitabilidad gracias a su potencial económico y, en algunos casos, de influencia. Si bien la habitabilidad es calidad de vida estructural para la salud y el bienestar de una persona; ¿cómo podemos hablar de habitabilidad como comunidad, en un lugar en donde mientras unos ven las mañanas desde un hermoso cerro, con aire fresco y un café exquisito en su mano, otros la ven –si el tiempo les alcanza- con el desespero de vestirse, peinarse, lavarse los dientes y salir corriendo porque -desde la periferia en la que viven- pueden gastar perfectamente 4 horas diarias en transporte público para llegar a su lugar de trabajo?.

En este caso, la expectativa de vida es directamente proporcional al posicionamiento social y económico de una persona. Mientras unos con un dolor mínimo son atendidos hasta por 5 médicos –inclusive a domicilio-, otros tienen que luchar por llegar a un hospital en el que probablemente la enfermedad los devore antes de si quiera pasar la fila de entrada en la entidad médica.

En esta crisis mediática también vale la pena anotar que juega un factor importante –para la habitabilidad- el tema medioambiental. Y es que los gobiernos seguramente no se imaginaban una crisis medio ambiental como la que vivimos –sin ser muy lejanos los futuros representados en algunas películas de ciencia ficción sobre el cataclismo apocalíptico a causa de los daños medioambientales-.

La habitabilidad entonces, debería ser un tema prioridad dentro de los gobiernos y la politiquería por encima de las falacias comunicadas por algunos “diplomáticos” durante las campañas con el fin de que esas falacias sean elegidas, para luego clavar el puñal a la sociedad con corrupción. Deberíamos notar –como tema de habitabilidad- el hecho de que hoy en día quieran meternos en conjuntos cerrados en donde un apartamento es simplemente un chiste mal contado. Deberíamos preocuparnos por la facilidad que tienen los gobiernos por vendernos la idea del “ mundo perfecto” dentro de un apartamento de cuarenta metros cuadrados en donde difícilmente nos cabe un escritorio y una biblioteca para auto formarnos correctamente. Pareciera por un momento, que el gobierno quisiera que no pensáramos demasiado y nos siguiéramos educando con nuestra buena amiga, la televisión…

Lo ultimo que quiero anotar para terminar, es que la habitabilidad esta muy lejos de ser equilibrada en una sociedad en donde nos venden lo imperfecto como perfecto. En este siglo XXI en donde la seguridad se juega un papel tan importante –algo que no se había visto nunca-, y en donde las personas cada vez necesitan vivir más protegidas por algún sistema de vigilancia, queriendo introducirse por un momento en su esfera segura, alejada de la inseguridad de la ciudad –irónico, pues la ciudades fueron creadas con el propósito de brindar seguridad a las personas-. En un mundo completamente desequilibrado, si analizamos los orígenes sociales en donde las cosas parecían marchar mejor -y con esto no quiero rondar en la típica frase de “todo tiempo pasado fue mejor-, pareciera que algunos viven demasiado cómodos. Pero casualmente son las élites quienes tienen capacidad económica para disfrutar de su habitabilidad, mientras las clases bajas luchan día a día con la esperanza de pertenecer a la gran élite en un futuro cercano; así su objetivo primordial es el dinero, y se pierde todo objetivo intelectual. Pareciera por un momento que los gobiernos han triunfado con su ideal de lograr que no pensáramos demasiado…

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