Crítica, Cultura, Opinión, Sociedad, Sociología

Gratitud

El título ya fue Muy obvio, y esto no se trata de ser conformista y tampoco dar cátedra de autoayuda. Pienso que hay una delgada línea entre vivir en las conformidades que la vida va colocando a lo largo y cosas por las que realmente deberíamos estar agradecidos, pero pasa lo contrario a lo anterior: no estamos felices con nada en la vida. Para empezar creo que es importante hacer algunas preguntas, las cuales tardaríamos esta vida y la otra respondiendo; preguntas como: ¿Por qué siempre queremos más? ¿Por qué siempre hacemos de un gusto algo necesario? ¿Por qué el querer representar algo más que otra persona nos ha llevado a ser más individuales –socialmente hablando-?.

Sería importante ver la diferencia entre querer y necesitar. Siendo protagonista el actual mercadeo que vivimos, el cual muestra algo como novedoso y se convierte en un deseo social, pero con el pasar de los meses se convierte en una necesidad para muchos. Un claro ejemplo para esto son los smartphones, empezaron como algo novedoso y deseado por todo el mundo, pero con los años se convirtieron en una necesidad para la mayoría; un artículo sin el cual no pueden vivir ni trabajar (y los trabajos si que demandan estos aparatos). Ahora, no tengo nada en contra de este tipo de cosas. Pienso que si bien es bueno tener este tipo de objetos –y deberíamos estar agradecidos por poder poseerlos-, tenemos que tener prioridades en la vida y darle el lugar que corresponde a cada cosa.

Gratitud es algo muy simple: estar agradecido –con lo poco o mucho que se tiene- y disfrutarlo al máximo cada día, pues el día que estemos muertos todo lo que poseemos queda ahí; lo que me hace pensar que realmente nada es nuestro, simplemente lo tenemos prestado y esto es algo importante en lo que deberíamos pensar frente a las cosas materiales. Un papá jamás debería estar enojado con un hijo por rayar una pared que se puede volver a pintar, el papá debería darle más importancia al hijo y pensar que quizá gracias a eso en un futuro sea un gran artista. Así que algo importante que hay que analizar en este punto es que esa percepción de “tengo mucho o tengo poco”, es algo socialmente construido, así que realmente no se puede determinar si alguien tiene más o menos que otra personas, a excepción de una vaga percepción materialista que han construido las sociedades alrededor del globo. ¿Cuántas veces no hemos visto personas que materialmente tienen todo, pero están por completo vacías y solas? Y por el contrario ¿cuántas personas no hemos visto que sin aparentemente tener nada, lo tienen todo?. Esto siempre me hace pensar en el engaño social que vivimos respecto al “éxito en la vida” y todas esas cosas superficiales, a fin de cuentas, ¿Qué es realmente tenerlo todo o no tener nada? ¿No deberíamos estar agradecidos por lo que tenemos, en lugar de deprimirnos por no tener un carro o un teléfono?

¿Qué opinan ustedes?

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Bauman, Cartel Urbano, Crítica, Cultura, Moda, Sociología, Tiempos Líquidos, Zygmund Bauman

La moda líquida.

Luego de siglos de estereotipos de moda formados, donde la moda era un tema de arte y no de consumo, se rompe todo modelo artístico para dar paso a un modelo industrializado. En la antigüedad, la calidad de una tela se medía por la dificultad de conseguir dicho material con el fin de fomentar un “nivel de estatus social” más elevado que el de otras personas, pues se debía ser una persona de influencia para poseer esta clase de material y estos comportamientos se convieron rápidamente en tendencias para exaltar a una persona por encima del resto de la sociedad. Un claro ejemplo de esto fue la moda del siglo XIII en Asia: una mujer que asistía a un baile real, ajustó sus pies con vendas para aparentar una media luna con ellos y así su baile luciera perfecto en el momento de ejecutarlo. Este acto fue inmediatamente aceptado por la realeza, la cual le dio acceso instantáneo a los privilegios de los grandes niveles sociales de aquella época. Inmediatamente todas las mujeres empezaron a copiarla con el fin de ganarse el favor de la nobleza (hombres de buenas familias para casarse), ajustando sus pies con técnicas tortuosas para lograr pies de no más de 12 cm de largo. El último caso que se conoció de esta práctica, fue en el año 1957. Actualmente las mujeres ancianas de Asia que tienen dicha transformación, esconden sus pies, pues los estereotipos de occidente han puesto esta práctica oriental del siglo XIII como una deformidad, rechazando a sus practicantes milenarias.

En la actualidad, la publicidad y el mercadeo juegan un papel determinante en el diseño y la moda. Empresas como Inditex han transformado una costumbre artística en donde 2 colecciones anuales saciaban el deseo y la necesidad textil de las personas, las cuales veían la moda como algo puramente artístico. Una prenda debía ser muy duradera, pues la calidad hablaba de la belleza a la hora de ser vestida; pero estos estándares fueron transformados por un deseo insaciable en donde existen más de 12 colecciones anuales de prendas que en su tercera lavada pierden muchas de las propiedades de fabricación. El auge del capitalismo por tomar espacios fértiles -como era el de la moda hace unos años-, agredió los espacios de la moda actual, para que empresas como Inditex los tomaran para formar una revolución capitalista por parte de una necesidad ingenua de un público espectador de la publicidad que impone “tendencias de moda”. “Las organizaciones no capitalistas ofrecen un terreno fértil para el capitalismo: el capital vive de la ruina de esas formaciones, y aunque ese ambiente no capitalista es indispensable para la acumulación, esta última avanza a sus expensas, devorándolo.” (Bauman Zygmund, 2007).

En partida, una empresa como Inditex degrada una tradición artística de siglos a nivel global, que con ayuda de la globalización permitió que los diseñadores más aclamados fueran conocidos hasta los rincones más recónditos del globo. Pero en la actualidad las tendencias y la moda se está saliendo de las manos de diseñadores, haciendo así que sea un simple tema de producción industrial, perdiendo todo su arte y haciendo que sean el mercadeo y la publicidad quienes vistan e impongan tendencias de moda a la sociedad. “Cada peso que depositamos en la caja registradora de muchas de las grandes marcas para que nos vistan con prendas bonitas y económicas, fabricadas con materiales de la peor calidad y con mano de obra barata, alimenta un sistema perverso que, en últimas, a quienes más beneficia es a los amos y señores de una serie del textil.” (Cartel Urbano, 2015).

La publicidad ha creado estándares estéticos tan extremos que hacen de una persona no “adaptada a una tendencia de moda actual”, un segregado por la sociedad “purista de la moda”, una moda inexistente en la época industrializada actual. Ciertamente el arte y la poesía dentro de la moda actual, ya es muy poca.

Bibliografía:
Zygmunt Bauman, Tiempos líquidos, 2007. (Tusquets).
Artículo “Fast Fashion: Vestir y desechar”, Revista Cartel Urbano. Edición 48, 2015.

 

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Bogotá, Ciudad, Colombia, Cultura, Sociología

La “cultura ciudadana”

Bogotá es una ciudad con una capacidad de olvido y falta de identidad única en su clase. Todos nos vivimos quejando de todo lo que pasa sin mirarnos al espejo, “son los ñeros, son los barristas, son los de la nacho; son todos, menos yo”. La nueva llegada de productos y marcas extranjeras, ha causado un cambio social y cultural en el comportamiento de los ciudadanos. Es complejo hacerse preguntas como: ¿Cuántas clases de culturas distintas se pueden ver aquí? O ¿qué tan rechazados nos tenemos los unos a los otros -a propósito de “los valores” de algunas personas porque “todos somos iguales”- en nuestras esferas de distinción cultural?

Realmente lo que pasa con Bogotá y su “cultura” -si es que existe una cultura bogotana-, es que nadie es bogotano (y me incluyo). Es grave, pero Jaime Garzón lo dijo hace ya mucho tiempo: “Los ricos se creen ingleses, los de clase media se creen americanos y los de clase baja se creen mexicanos”. Sin duda siento que el mayor problema de Bogotá es la falta de identidad y amor propio por nuestra ciudad, una ciudad que estamos haciendo pedazos, y somos todos; porque aquí “el problema son los costeños, los paisas, los santandereanos”, y en conclusión, todo aquel que supuestamente invade Bogotá, porque “Bogotá es para los bogotanos” –pero aun con esa segregación hacia nosotros mismos somos “el país más feliz del mundo carajo”-; “y ahora lo importante es que jugamos la Copa América” (sin ánimo de tomar posición en contra del fútbol, el cual amo profundamente).

Siento que por esas mismas causas es que no tenemos identidad ciudadana, si nos da igual botar un papel al piso, dejar en cataclismo higiénico una sala de cine porque “es que para eso está la gente de aseo”, y destruimos los espacios públicos porque “con toda la plata que recibe el gobierno pues que reparen”.

  • No existe una cultura propia ciudadana, es decir que no hay un “cambio cultural que debería tener Bogotá”, creo que lo que necesita Bogotá, es que se cree una cultura, una sola, una nuestra, una cultura que realmente muestre, no solo a los bogotanos si no al mundo, qué es un bogotano y qué diferencias culturales tienen con otro tipo de ciudades, y no por hacer una exclusión, sino por generar una identidad sin mediaciones de la multiculturalidad del mundo moderno.
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